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Mente

Mente: recupera el respeto por ti mismo

Hay algo que casi ningún hombre dice en voz alta: no es solo que pesas más. Es que hace tiempo que no estás orgulloso de ti. Te miras y ves a alguien que ha dejado pasar los años, que ha dejado que el trabajo, la rutina o el cansancio manden. Y eso, poco a poco, te roba el respeto propio.

Esta sección existe para eso: para reconstruir la cabeza del hombre que se está reconstruyendo el cuerpo. Porque si solo cambias el físico, pero sigues pensando como antes, volverás al punto de partida. Aquí vamos a trabajar autoestima, disciplina y mentalidad práctica (nada de frases vacías).


1. La baja autoestima masculina no siempre se nota

Muchas mujeres cuando tienen baja autoestima lo expresan, lo cuentan. Nosotros no. Nosotros lo tapamos con trabajo, con humor, con comida, con pantallas. Pero los síntomas están ahí:

  • Dejas de cuidarte porque “total, ya da igual”.
  • Evitas fotos.
  • Te molesta verte en vídeo.
  • Piensas que ya no estás en edad de cambiar.
  • Te comparas con tíos más jóvenes o más en forma.

Nada de eso es permanente. Es solo el resultado de acumular promesas rotas contigo mismo. Y la buena noticia es que se revierte igual: cumpliendo pequeñas promesas.


2. Respeto propio: la base de todo

Olvídate por un momento de “amor propio”. Aquí vamos a hablar de respeto propio.
El respeto propio es cuando tú mismo te ves hacer lo que dijiste que ibas a hacer. Cuando dices “mañana entreno” y entrenas. Cuando dices “hoy no ceno basura” y no cenas basura. Cada vez que cumples, subes un punto. Cada vez que no cumples, bajas dos.

Por eso a muchos hombres les baja tanto la autoestima cuando engordan: no es el peso, es que ven cada día que no están siendo el hombre que quieren ser. Y eso duele.

Solución: vuelve a hacer cosas difíciles que tú mismo puedas ver. No para las redes, no para tu pareja. Para ti.


3. La mentira de la motivación

Uno de los motivos por los que muchos hombres no empiezan es este pensamiento: “cuando tenga ganas, me pongo”.
La realidad es la contraria: las ganas vienen después de empezar.
Si esperas a sentirte motivado, te quedarás donde estás. La motivación es inestable. La disciplina, no. Tu objetivo aquí no es sentirte motivado todos los días; tu objetivo es convertirte en un hombre que cumple aunque no tenga ganas.

¿Cómo se hace eso?

  1. Pones tareas muy pequeñas (5-10 minutos).
  2. Las cumples cada día.
  3. Reprogramas tu cabeza: “yo cumplo”.
  4. Subes la dificultad.

4. Microvictorias: el método rápido para subirte la moral

Cuando tienes la autoestima baja no puedes pedirte gestas heroicas. No tiene sentido decir “a partir de ahora 2 horas de gimnasio 6 días a la semana”. No estás ahí.

Lo que sí puedes hacer es acumular microvictorias diarias. Es un sistema:

  • Hacer la rutina corta del cuerpo.
  • Beber agua en vez de refresco.
  • Preparar la comida del día siguiente.
  • Recoger tu zona de trabajo.
  • No discutir por tonterías.

Cada una de esas cosas es un mensaje a tu cerebro: “sí puedo”. Y cuando llevas 10-15 días sumando microvictorias, de repente te ves con más seguridad. No es magia. Es práctica.

Tip: escribe al final del día 3 cosas que cumpliste. No lo publiques. Solo míralo tú.


5. Gestión de la comparación

Otra cosa que destroza la mente es la comparación. Redes sociales, tíos marcados, gente con más tiempo.
Aquí hay una regla sencilla: no te compares en estado, compárate en dirección.

  • Estado = dónde estoy hoy.
  • Dirección = hacia dónde voy.

Puede que hoy estés con 30-40 kilos de más. Vale. Pero si esta semana entrenaste 4 días y comiste mejor, tu dirección es mejor que la de un tío marcado que no cuida nada. Así que no eres peor. Solo estás en momentos distintos.

Cuando te pilles comparándote, pregúntate: “¿mi dirección es la correcta?”. Si la respuesta es sí, sigue.


6. Romper el patrón de autosabotaje

Muchos hombres con sobrepeso saben perfectamente qué hacer… pero no lo hacen. ¿Por qué? Porque hay una parte tuya que se ha acostumbrado a la comodidad y te boicotea cada vez que mejoras.

Se ve así:

  • Empiezas bien una semana → el viernes te premias con comida basura → el sábado repites → el domingo dices “ya el lunes” → el lunes no vuelves.
  • Empiezas a entrenar → te duele un poco → lo tomas como excusa para parar.
  • Te va bien 15 días → entras en modo “ya estoy mejor” y aflojas.

La forma de romper esto es haciendo visible el patrón. Escríbelo. Ponlo en una nota: “a la segunda semana me boicoteo”.
Y cuando llegue esa segunda semana, ya no te pilla por sorpresa. Te dices: “vale, este es mi patrón… hoy no caigo”. Esa consciencia es mentalidad.


7. El papel de las frases motivadoras (bien usadas)

Las frases motivadoras no son tontería si las usas bien. El problema es usarlas para emocionarte y no para actuar.
Úsalas así:

  1. Elige 3 frases que te hablen de identidad (“soy un hombre que cumple”), no solo de éxito.
  2. Léelas por la mañana y antes de entrenar.
  3. Asócialas a una acción (leer → entrenar, leer → preparar comida).

Por ejemplo:

  • “No necesito que me apetezca, necesito hacerlo.”
  • “Mi hijo merece un padre fuerte.”
  • “No vuelvo al hombre que me dejó llegar hasta aquí.”

8. Conectar mente y cuerpo

Esta página de “Mente” no es para que te quedes pensando. Es para que entiendas por qué ahora vas a poder mantener lo del cuerpo.

La secuencia es esta:

  1. Trabajo el cuerpo → veo progreso → sube un poco la autoestima.
  2. Trabajo la mente → empiezo a respetarme → me vuelvo más constante.
  3. Trabajo los hábitos → hago que todo lo anterior sea automático.

Por eso desde aquí debes enlazar claramente a:

  • cuerpo (si alguien llega aquí primero)
  • hábitos (para que lo que piensa se convierta en lo que hace todos los días)

9. Qué hacer cuando recaes

Te lo digo ya: algún día vas a fallar. Vas a comer de más, no vas a entrenar o te vas a sentir otra vez sin ganas. Eso no significa que hayas vuelto al punto de partida. Significa que eres humano.

Regla de oro:

  • No falles dos días seguidos.
  • No dramatices.
  • Vuelve al plan mínimo (entrenamiento corto + comer bien en la siguiente comida).
  • Revisa qué te disparó la recaída: cansancio, estrés, personas, aburrimiento.

La diferencia entre el hombre que cambia y el que no cambia no es que uno no falle y el otro sí. Es que uno vuelve y el otro se queda ahí.


10. Llamada al siguiente paso

Si has llegado hasta aquí es porque ya sabes que tu problema no es solo físico. Has ganado peso, sí, pero también has perdido un poco de respeto por ti. La buena noticia es que eso se reconstruye haciendo.

Tu siguiente paso lógico es este:

  • Si aún no estás moviéndote: 👉 ve a [Cuerpo] y empieza por la rutina mínima.
  • Si ya estás entrenando pero te cuesta mantenerlo: 👉 ve a [Hábitos] para crear una estructura diaria.
  • Si te cuesta comer bien porque comes por ansiedad: 👉 lee Cómo dejar de comer por ansiedad.

Porque al final de todo esto hay una idea: un hombre que controla su cuerpo, su mente y sus hábitos es un hombre que vuelve a respetarse. Y eso es lo que estás construyendo aquí.

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